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Mi opinión de Screamfield: El Krabby Land del terror madrileño

Muchos se acordarán de aquel episodio de Bob Esponja en el que el jefe del protagonista, el Señor Cangrejo, creaba un parque temático para los clientes de su restaurante El Crustáceo Crujiente. Finalmente, todo resultó ser un decepcionante truco de marketing para conseguir vender más hamburguesas. En Krabby Land, así se hacia llamar el lugar, la montaña rusa no era una montaña rusa, era un tobogán de tablas de madera; el tiovivo no era un carrousel, eran dos tostadoras acopladas a un muelle. Y así con todo.

Madrid, la ciudad que fue a por lana y acabó trasquilada

Bien, después de que la capital madrileña anunciara hasta un total de tres scream parks nadie esperábamos que dos de ellos acabaran fulminantemente cancelados a semanas de su inicio y el restante acabara siendo un Krabby Land de manual. Eso ha resultado ser Screamfield, un proyecto en el que yo mismo llegué a depositar una gran cantidad de esperanzas y que se intuía como un revulsivo para el universo español de los scream parks.


Lo cierto es que casi una década después de la creación de Horrorland muchos han sido los que han tratado de replicar su éxito y prácticamente todos han fracasado. Todavía esbozo con cariño prepandémico ese proyecto llamado Scream Nights que se planteó en Parc Samà (Cambrills). Muchos, servidor incluido, pensaban que las expectativas de un proyecto que venía de la mano de gente sin apenas experiencia en el mundo del terror podía competir de frente con el callo de Horror Box. Todo acabó siendo una broma de mal gusto con pasajes lamentables, cortos y amateur y caracterizaciones y shows de risa.

La gentrificación del concepto scream park

Desde entonces ha aparecido mucho avispado con ganas de colar proyectos de este corte sin sentir apenas conexión emocional o profesional con el mundo del terror. Veían en los scream parks una gallina de los huevos de oro. Para ellos hubiera sido lo mismo que se tratara de un scream park que de un restaurante en La Rue Des Bouchers de Bruselas o un apartamento turístico en La Barceloneta. Comenzó así la gentrificación del concepto scream park.

Screamfield fue el último de los tres scream parks madrileños en anunciarse. Sin ninguna duda sabían qué había que hacer para vender el pescado. Sus organizadores eran experimentados en el universo de esos festivales en los que te tiran la botella de agua al entrar y te cobran diez euros por un tequeño con Lotus o chocolate de Dubai. No obstante parecía que había payola, ilusión, concepto, ideas frescas  y eventualmente se pusieron a la cabeza en las apuestas de cuál sería el scream park más exitoso de la temporada madrileña.

El jarro de agua fría de Screamfield

La cosa lucía bien, con trailers de cada pasaje dignos de superproducciones de Hollywood y una imagen visual fresca, currada y muy centroeuropea. Los organizadores también viajaron a una famosa convención británica de terror a la que supuestamente habían ido para tomar ideas y comprar el mejor material para crear "un gran pueblo del terror". Con los datos en la mano, ese viaje a Inglaterra se sintió como cuando Chanel Terrero anunció que no podría ir a la PreParty de Eurovision Spain porque estaba en Miami grabando Toke.

Una vez viendo la calidad deficiente del evento llama poderosamente la atención el gran empeño puesto por parte de la organización de controlar el relato y la opinión pública sobre Screamfield desde el primer momento. Por irónico que parezca, más que en su propio producto. Me extraña, por ejemplo, que hubiera dinero para hacer una rueda de prensa con famosos en una conocida sala de fiesta de Madrid pero luego no para hacer suficientes mapas físicos para el día del evento. Lo mismo con un sinfín de entrevistas en medios nacionales, una web y redes que han cebado todo y más lo que sería el scream park y un evento de inauguración que por estar estaba hasta Vicco "quién quieres fiesta??".

Terror de cara B a precio de oro

Tras un fin de semana de apertura marcado por feroces críticas en redes sociales, que el propio parque ya allegedly se encargó de borrar casi en su totalidad, anunciaron un cierre por "inclemencias meteorológicas" que de forma completamente casual aprovecharían para mejorar todos los pasajes. Esos visitantes fueron reubicados a otros días. Así, yo aterrizaba en Madrid este sábado 17 de octubre expectante por ver qué tenía para ofrecerme Screamfield en su tercera semana de rodaje. Lo hacía bien acompañado de mi amigo madrileño Marcos que tenía muchas ganas de descubrir el que sería el primer scream park de la capital.

Lo primero que me llamó la atención fue el precio: la friolera de 90 euros por mi entrada express. A los pocos días colgaron el cartel de sold out, pero, por arte de magia, las entradas volvieron a estar disponibles poco después. Qué casualidad que coincidiera justo con el momento en que se destapó que el evento hacía aguas por los cuatro costados tras su primera noche en funcionamiento. Y ojo al dato, porque ya no costaban 90 euros, sino 60. El producto se había devaluado. Si este tipo de tácticas abusivas que juegan con la falsa sensación exclusividad y distorsionan la disponibilidad de entradas ya me chirrían en los festivales para canis, en un scream park me parecen de chiste.

Ambiente exterior, caracterizaciones y animación de calle, los puntos fuertes

Una vez vivida la experiencia, comencemos por las cosas buenas que tiene Screamfield. No son muchas, pero alguna hay. La primera es que los empleados de seguridad, merchandasing, zona de juegos, organización y admisión son muy agradables. Se nota que intentan dar la cara como pueden, pese a que hay obvios problemas de comunicación interna, y ponen siempre una sonrisa y ganas de ayudar al cliente.

También aprecio un gran esfuerzo por las caracterizaciones de los personajes. Aunque lamentablemente esto no va acompañado del acting en muchos casos, sí que considero que ha habido una inversión importante en máscaras, vestuario y maquillaje porque en general todo luce mejor que el resto del conjunto, que es tremendamente amateur.

Algo que se acentúa todavía más después de mi visita a las Horror Nights de Terra Mítica la semana pasada es que la animación de calle está bastante bastante bien planteada. Hay mínimo una quincena de personajes sueltos pululando por el recinto que amenizan bastante la cola a cada pasaje. En este sentido se siente un evento vivo y en el que constantemente hay algo pasando. Roleamos un rato con más de uno, llegando incluso a encerrarnos en una jaula donde nos "descuartizaron" vivos. También nos echó las cartas un tarotista. La carta me la pude llevar de recuerdo (mi amigo Marcos no porque por alguna razón se la hicieron devolver).

Destaco que sí me pareció un evento muy vivo y animado con un buen ambiente en la zona exterior. El theming no era gran cosa pero una vez caído el sol; la iluminación, numerosas máquinas de humo y sonido consiguieron darle algo de empaque al espacio y que fuera agradable estar allí. Aunque claro, si a una hamburguesería voy a por algo es a por buenas hamburguesas. Y aquí las hamburguesas que eran los pasajes estaban insípidas, frías y crudas.

El aluvión de aspectos negativos de Screamfield

¿Cosas negativas? Pues lamentablemente todo el resto de lo que se debería esperar en un scream park. Todas las estructuras de los pasajes eran o bien carpas blancas o bien apaños con telas y plásticos que bien podría ser la solución arquitectónica promedio de una chabola de la Cañada Real. El chiste se evidenciaba aún más cuando mientras hacías cola veías entrar a un trabajador con bombonas de gasolina o líquido para máquinas de humo por la misma entrada de los visitantes. Aunque ya hablaremos largo y tendido de cada pasaje, menos uno de ellos el resto eran un auténtico cuadro, llegando la escenografía de uno de ellos a consistir en un redil gigante de tierra delimitado por vallas de obra y telas.

También me sorprendió para mal la poca información para el visitante. Al hacer el check in no nos dieron ningún mapa del evento ni programa de los shows. Tampoco había ninguna información al respecto en ningún punto del lugar o incluso en la pantalla del escenario de espectáculos. La web tampoco incluía los horarios ni de los pasajes ni de los shows. Preguntamos a un miembro de la organización sobre la disponibilidad de mapas y nos dijo, muy amable eso sí, que se habían acabado y que podíamos mirar los horarios de los shows en una story destacada de Instagram.

Desorganización y falta de comunicación al visitante

Tampoco estaban bien organizadas las colas de los pasajes. No se indicaba bien el inicio de cada una y cuál era la normal y cuál era la express. Hubo varios momentos en la noche que tuvimos que aclarar a visitantes sin pase rápido que se ponían en la cola express dónde estaba la cola regular. También habían carteles de las normas de seguridad y advertencias de cada pasaje del terror, pero en muchos casos estaba puesta en lugares poco accesibles o incluso en la primera sala de alguna haunted house.

Otro canteo fue el de la apertura escalonada de los diferentes pasajes del terror, concentrando a toda la afluencia es dos unidades completas de pasajes del terror durante la primera hora de evento. Esto, por descontado, conllevó largas colas. Pero claro, como veremos a continuación, únicamente esos dos pasajes del terror estaban cubiertos en una carpa. El resto transcurrían o al aire libre o eran solo semicubiertos de una forma muy rudimentaria. La tónica general era que el sonido y la luz del evento se colara a los diferentes pasajes rompiendo con la atmósfera. De haber abierto todos los pasajes a las 18h, hubieran transcurrido a plena luz del día.

Shows, comida y merchandising decepcionantes

Por lo poco que pudimos ver los shows eran también bastante mediocres. Vimos un fragmento de Lágrimas De Sangre y me pareció infumable con diálogos largos, tediosos y poca acción... además de una trama y lore confusos y poco atractivos. Lo cierto es que no terminé de entender bien el hilo conductor de ese supuesto "pueblo terrorífico" en el que los diferentes pasajes no parecían encajar demasiado bien entre sí. Que el landscaping exterior fueran carpas blancas, lonas y algún tímido objeto de atrezzo tampoco ayudó.

El merchandising también fue deficiente. Quitando las camisetas que se vendían al público, me gustaría destacar los "premios" de la zona de juegos. Estos obsequios consistían en el mejor de los casos en una camiseta del evento y en el peor de ellos, en un objeto de bazar chino a elegir. Entre diadema de bruja, diadema de murciélago y un ojo de goma me quedé con la diadema de bruja.

La zona de food&drinks también fue para dar de comer (nunca mejor dicho) aparte. Tres unidades completas de food trucks con tequeños, hamburguesas "de autor" y tartas de queso a razón de 7,50 euros la porción. El tufillo de todo el espacio era de evento comercial estilo Champions Burger en el que importaba más lo mona que quedase la fotopostu para Instagram que la propia calidad del producto. Pero seamos honestos, Screamfield no daba ni para fotopostu en la mayoría de casos.

Cabaret L´Infern (Nota: 3/10)

El primer pasaje que hicimos fue Cabaret L´Infern (Cabaret De Fer para Marcos y yo). Se trata junto a Orfanato St Judas de los dos únicos pasajes cubiertos del evento. Como ya había escuchado que St Judas era de lejos la mejor haunted house no quisimos quemar tan rápido ese cartucho y decidimos dejarlo para el final, para tener un buen sabor de boca de fin de noche. El pasaje trata sobre un cabaret/burdel demoniaco en el que recorremos diferentes estancias como pasillos donde nos ciega la luz roja, la sala de baile o un cuarto donde nos encontramos con un pianista.

Aquí reparamos en lo amateur que sería el nivel general de las haunted houses. Un pasaje con un exceso increíble de iluminación exterior, sets súper planos compuestos de paredes falsas lisas, telas, cortinas y algún elemento tímido de atrezzo. El suelo del pasaje era el mismo terreno arenoso del resto del pasaje rompiendo con la inmersión. No había una cohesión estética entre diferentes salas ya que por algunos personajes y patrones visuales parecía un pasaje de temática circense.

Los impactos tampoco fueron nada del otro jueves. En este pasaje habían pulsadores que sincronizaban luz y sonido junto al scarejump, pero no tenían ninguna efectividad porque los actores estaban ya a la vista en el momento de activar los efectos. Simplemente se sentía como que no aportaba nada y que estaba mal implementado. El acting también fue bastante mediocre, rozando en muchas ocasiones lo soez y burdo y llegando a resultar forzado o incómodo. Todo en conjunto se veía pobre, desangelado y sin acabar.

Cementerio Ravenhill (Nota: 2,5/10)

Seguimos nuestra ruta con Cementario Ravenhill. Si el nivel de Cabaret ya nos había parecido justito justito, la cosa se ponía todavía más interesante. Este segundo pasaje proponía un "haunted game" consistente en buscar calaveras de plástico en tres salas con unos 4 o 5 actores pululando. Fin. Cero factor miedo, cero tensión y una dinámica simplemente absurda.

La estructura de este pasaje era poco más que la de una chabola. El espacio estaba compuesto por carpas blancas forradas de lonas simulando piedra, algún tímido prop que simulaba vegetación y un trono de madera. Una anécdota graciosa es que una de las calaveras de plástico que había que encontrar era sustancialmente diferente al resto, con una apariencia más pequeña y de menor calidad, como las que se usan para jugar al mini golf en la zona de juegos. Nuestra teoría fue que se extravió una de las calaveras del pasaje y tuvieron que echar mano de una de las otras al no tener calaveras de repuesto.

The Farm (Nota: 3,5/10)

Nuestro tercer pasaje de la noche fue The Farm. Este prometía algo más ya que la temática cárnica suele lucir bastante al estar dada a un acting más agresivo y con motosierras. Además, en este pasaje los grupos eran más reducidos, de solo cuatro personas, lo que hacía intuir que los impactos estuvieran más concentrados. 

Lamentablemente, una vez más se trató de un pasaje excesivamente iluminado, con 4 o 5 actores a lo mucho que veías venir desde lejos y que tampoco se esmeraban demasiado en su función y una falta increíble de humo. Otro problema es que al ser exterior se colaba todo el sonido y la iluminación de la plaza central.

A nivel tematización era literalmente un laberinto de palés. La primera sección podría haber estado chula, obligando al visitante a ir a cuatro patas por un pequeño laberinto. Lamentablemente, todas las oportunidades de impacto se desaprovecharon aquí. La segunda sección era otro laberinto hecho con palés en el que no sucedía nada pero esta vez de pie. No sabía si estaba en un pasaje del terror o haciendo zig zags en las colas de alguna montaña rusa. El final, sobretodo para los parámetros del evento, estuvo algo mejor con una pequeña persecución de un personaje que esta vez sí estaba bien caracterizado. Lamentablemente, el pasaje fue muy corto una vez más.

El Gran Cinema (Nota: 1/10)

El siguiente pasaje se convirtió en nuestra opinión en el mayor chiste de la noche. Estamos hablando de El Gran Cinema. En grupos de 30 personas éramos introducidos en un descampado delimitado por vallas de obras forradas con lonas para buscar aros por el suelo antes de que se acabara el tiempo. No sabía si estaba en un pasaje del terror o si en cualquier momento iba a aparecer Lara Álvarez con un pollo asado diciendo "Supervivientes, enhorabuena por haber ganado el juego de recompensa".

La dinámica absurda resultaba más divertida si cabe al recordar que la supuesta finalidad de recoger esos aros era "arreglar el proyector del cine". También fue muy cuadro que tal y como nos transmitieron en un speech inicial tedioso y absurdamente largo, una serie de monstruos se iría liberando conforme encontrásemos aros. Bien, el cometido de esos monstruos una vez "liberados" era ir tirando aros de nuevo a la tierra y perseguir a los visitantes sin llegar a ser tomados en serio por nadie en ningún momento.

Realmente daba pena lo ridículo que era todo. En un intento por simular una sala de cine exterior dispusieron sillas para que todos los visitantes se sentaran hasta que acabara una cuenta atrás que daría inicio al juego. Lo más irónico de todo esto es que gran parte de las sillas eran de plástico de bar. Sí sí, ese tipo de sillas promocionales que te regalaría Mahou por elegirle como proveedor de cerveza o que Terra Mítica pondría en sus viales.

Orfanato Saint Judas (Nota: 6,5/10)

El último pasaje de la noche es el único que puedo valorar no irónicamente como un pasaje del terror. El Orfanato Saint Judas se desarrolla en la carpa más grande y posee la única escenografía potable de entre todos los pasajes del evento. Efectivamente se reproduce un orfanato con su cocina, pasillos, un aula, un salón, el despacho del director... Hay algún momento destacable que otro en cuanto a uso de iluminación y los impactos estaban bien coreografiados esta vez con pulsadores que sí que tenían sentido en la experiencia.

No obstante, que fuera un pasaje digno tampoco quiere decir que sea excelente. En mi opinión faltaron bastantes actores dado que no contabilicé más de 5 o 6... Además, las diferentes escenas se sentían ridículamente pequeñas y estrechas para el número de personas con el que conformaban los grupos. Muchos impactos se realizaban cuando medio grupo estaba todavía en la escena anterior o ya en la escena siguiente. Yo no pillé ni uno al ser el primero. Por otra parte, era bastante corto y es una temática bastante trillada de "mansión embujada" que tampoco es que aporte nada destacable o nuevo.

No obstante, si todos los pasajes hubiera seguido la línea cualitativa del Orfanato seguramente estaríamos hablando de un diagnóstico muy diferente de Screamfield. Sin embargo y lamentablemente, la realidad ha acabado siendo otra muy diferente. Por su parte, no entramos a la extreme porque se agotaron las entradas y yo tampoco estaba por la labor de dejarme 20 euros más en un evento viendo su calidad media. Eso sí, preguntamos a algunos visitantes que la hicieron y salieron con una buena opinión.

Deseo que la organización se tome todo esto como una oportunidad para mejorar. Si de verdad quieren dedicarse al mundo del terror y quieren posicionar su producto como un scream park que sobreviva a medio largo plazo deben reconceptualizar prácticamente todo y tocar muchas áreas de mejora. Veremos a ver cómo va evolucionando Screamfield estas próximas semanas y si vamos a tener "terrorific town" para rato o se va a quedar en un amor (o desamor) de verano.